Barcelona, primavera de 1996. Conozco a Alvaro Sanz.

Mi vida va y viene, pero a lo largo de estos 15 años pocas personas han permanecido tan cerca como él, a pesar de haber vivido siempre a cientos de kilómetros de distancia.

Hemos colaborado en mil proyectos (algunos aún por realizar, pero cuya planificación nos ha hecho tan felices que ya han merecido la pena): viajes, giras, fotografías, videoclips, documentales, exposiciones, visuales… Hemos sentido miedo juntos, hemos visto un meteorito entrando en contacto con la atmósfera terrestre, hemos bailado en la nieve, hemos cenado junto a un lago encantado, hemos recorrido 1200 km con 150 calçots en el coche…

A veces Alvaro me invita a algunos de los cursos de fotografía que imparte y acabo dando un concierto al borde de un barranco, caminando 6 km en la nieve para capturar un amanecer y/o siendo fotografiada por sus brillantes alumnos.

A veces nos tenemos que despedir en algún cruce de caminos. A veces me dedica alguna carretera. A veces le dedico alguna canción.

La foto es de Núria Puigmal.